La indignación no nace de la sorpresa. Nace del reconocimiento.
Lo ocurrido hoy —el ataque de Estados Unidos sobre territorio de Venezuela— se inscribe en una lógica histórica que ha sido denunciada, anunciada y combatida durante décadas desde América Latina.
No es un hecho aislado. Es una reiteración.
Una advertencia que ya existía
Tanto Hugo Chávez como Salvador Allende hablaron, cada uno en su tiempo y contexto, de la imposibilidad de una soberanía real mientras el poder imperial considere a nuestros países como zonas de influencia, recursos disponibles o territorios “corregibles”.
Si miramos en detalle las verdaderas razones por las cuales el país sufrió un deterioro económico y social tan profundo, no es únicamente al gobierno de Maduro a quien hay que responsabilizar, sino al opresor capitalista que desmanteló la economía venezolana: los Estados Unidos, ellos mismos.
Allende lo dijo con claridad antes de ser derrocado: no se le perdonó intentar un camino propio.
Chávez lo repitió durante años: la independencia latinoamericana no es simbólica; es material, económica, política y militar.
La indignación no es solo una emoción: es una posición política.
Indignarse hoy es rechazar la normalización de la violencia ejercida por el poder global de los Estados Unidos en LATAM desde 1989, cuando invadieron Panamá.
No indignarse hoy es, en la práctica, aplaudir una invasión ilegal, contraria al derecho internacional, de los Estados Unidos contra Venezuela.
Es aceptar que todo ha sido premeditado: desde la atribución del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, una figura de la ultraderecha que se proyecta como la nueva marioneta de los Estados Unidos, dispuesta a vender cada kilómetro de Venezuela a los intereses de Donald Trump.
Hoy nos negamos a aceptar que la fuerza sustituya al derecho internacional cuando conviene a los intereses del imperialismo estadounidense.
Nos negamos a aceptar que los Estados Unidos vuelvan a invadir y dominar a un país de América Latina.
No es solo Venezuela
Lo que ocurre hoy en Venezuela es un mensaje para toda la región y para el Sur Global: cualquier proyecto que se salga del marco permitido por los Estados Unidos puede ser castigado.
Da igual el gobierno de turno, la ideología concreta o el momento histórico. El patrón se repite.
Por eso esta denuncia no es partidista, es estructural.
No defiende gobiernos: defiende pueblos.
No idealiza líderes: recuerda advertencias.
NOTA5 toma posición
Desde NOTA5 no vamos a separar lo político de lo humano.
No vamos a fingir objetividad frente al abuso de poder.
Este espacio existe precisamente para nombrar lo que muchos prefieren maquillar: que el odio, la desinformación y la violencia geopolítica forman parte del mismo sistema.
Hoy, Venezuela.
Ayer, Chile.
Mañana, ¿quién? ¿Colombia? ¿México? ¿Brasil?
La historia no se repite por casualidad.
Se repite cuando se ignora.

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